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Value for Money y tipos de razón

Por: David Castrillón

Los organismos que brindan ayuda a comunidades para su desarrollo esperan, cada vez más, financiar intervenciones que permitan tener grandes impactos a menor costo, sin afectar la calidad de la intervención. Diferentes nombres se le ha dado a esta preocupación. En la actualidad, por ejemplo, el concepto de Value for Money[1] (VfM) expresa la necesidad de utilizar los recursos disponibles de la manera más eficiente para obtener el impacto esperado de la intervención. Tomando el concepto de forma literal, éste se refiere al valor creado, con la mayor efectividad posible, a partir de cada unidad de dinero invertida. El desarrollo, pensado a partir de esta perspectiva, lleva a la siguiente pregunta ¿Qué se debe hacer para sacar el mayor provecho de cada dólar (u otra moneda) invertido en la intervención? Para responder a esta pregunta se utilizan los términos de eficiencia, eficacia, economía. Además, en el ámbito del desarrollo, se ha incluido la equidad como un elemento a tener en cuenta.

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La intervención, en este caso, está marcada por un tipo de lógica que tendrá una influencia sobre los procesos de evaluación. Para un evaluador puede ser de gran ayuda entonces comprender los fundamentos, o la lógica, que sostienen cada uno de los términos. En mi trabajo como analista de organizaciones me ha sido de gran utilidad tener un marco de referencia que me ayude a reflexionar sobre los fundamentos que soportan una teoría determinada. En el caso de VfM, los tipos de razón desarrollados por Jürgen Habermas[2] pueden ser de gran utilidad para enmarcar el trabajo de una evaluación. Veremos que los tres primeros términos (economía, eficiencia y efectividad) se refieren, principalmente, a lo que Habermas llama razón técnica y razón estratégica. El término de equidad hace referencia a la razón comunicativa.

Cuando hablamos de razón, en este caso, nos referimos principalmente a la actitud, o a la forma que tiene el evaluador de entender la realidad a observar (puede ser un programa, un proyecto, una organización, una iniciativa). Miremos brevemente entonces en qué consiste cada una de las razones mencionadas.

La razón técnica se refiere, principalmente, al proceso mediante el cual el evaluador observa la realidad bajo la percepción o la suposición que la realidad observada es un objeto. En este caso la metodología utilizada por el evaluador se adecúa, en términos de lenguaje y de orden lógico, a una realidad que carece de intencionalidad. Es el método utilizado por las ciencias exactas. Un físico, por ejemplo, no se pregunta por la intencionalidad de una partícula. Tampoco se pregunta sobre la libertad de los objetos que estudia. Esta racionalidad se ve reflejada en un evaluador cuando, por ejemplo, debe contar cuántas personas fueron capacitadas o cuánto fue el costo de los recursos utilizados para dicha capacitación. La medición es la base de este tipo de acercamiento. Para el evaluador su naturaleza y la naturaleza de lo evaluado no son similares. Es decir, él es un sujeto y la realidad es un objeto. En cuanto a la idea de Value for Money, la eficiencia, o la economía pertenecen al ámbito de la racionalidad técnica en cuánto permiten medir lo que se produce con el dinero invertido. La relación se resume entonces en yo-eso.

La razón estratégica: Esta racionalidad se pregunta por la adecuación de los medios a la finalidad determinada. El acercamiento a la realidad se complejiza en cuanto el evaluador observa que la realidad a abordar cuenta con sujetos, es decir con intencionalidades que deben ser tomadas en cuenta. Para el evaluador dichas intencionalidades estarán, en el caso de la razón estratégica, subordinadas a la consecución del objetivo planteado al inicio, lo cual es el caso de la efectividad de la acción. Aún cuando se entiende que el objeto cuenta con intencionalidad, esa intencionalidad se debe objetivizar para ser medida. Un ejemplo corriente es la pregunta del publicista que busca entender las intencionalidades de los consumidores para dirigirlas hacia la finalidad de consumo. En términos de desarrollo se observa cuando el programa creado por expertos busca cambiar las actitudes de los sujetos. La relación se resume en yo-él objetivado.

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Finalmente la racionalidad comunicativa toma en cuenta además de la intencionalidad del objeto, la posibilidad de que ese objeto ejerza su libertad y cambie, asimismo, las reglas de evaluación o de la intervención. La razón comunicativa abre entonces la puerta hacia la comprensión de que tanto el evaluador y el evaluado comparten una misma naturaleza, lo cual complejiza la evaluación. Los métodos y los instrumentos asociados a la medición no alcanzan a describir ni a comprender este nivel complejidad. Así, la realidad a evaluar no es un objeto ni es una intención objetivada. Es, también, un sujeto con capacidad de evaluar y de crear durante el proceso de intervención y de evaluación. Surgen de esta forma preguntas sobre la equidad, la libertad, la justicia, el poder, el reconocimiento, etc. Ideas o conceptos que, aún cuando se han buscado encuadrar dentro de las dos razones anteriores, no cuadran debido a su naturaleza propiamente humana.

El reto para un evaluador que se encuentre con un marco como el de Value for Money será adaptar su razón al tipo de realidad que aborda, lo que implica también adaptar sus métodos y su intervención. He podido observar en los trabajos con organizaciones cómo las diferentes realidades, en aras de ser medidas y controladas, han sido observadas bajo la lupa de la razón técnica y la razón estratégica, aún si la naturaleza de la realidad observada no corresponde con este tipo de razones. Es entonces corriente que la razón comunicativa, que serviría de base para el análisis de organizaciones humanas, sea ignorada. El gran reto que tenemos los analistas y los evaluadores es complejizar nuestros sistemas de pensamiento para entender la compleja realidad humana.

[1] El concepto de VfM es ampliamente desarrollado por el Departamento para el Desarrollo Internacional (DFID del Reino Unido. Ver la página web: https://www.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/67479/DFID-approach-value-money.pdf

[2] Habermas, J. (1999) Teoría de la acción comunicativa I. Racionalidad de la acción y racionalización social. Taurus, Madrid.

David Castrillón es un consultor en análisis de organizaciones, y Maestro en Ciencias de la Administración (HEC Montréal).

Photo credit: TaxCredits.net; Flickr/Penguincakes and Flickr

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